MATERIALES para la PASTORAL

MATERIALES para la PASTORAL
MATERIALES para la PASTORAL ESCOLAR: pincha en la foto para acceder...

Mostrando entradas con la etiqueta Iglesia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Iglesia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de octubre de 2015

Clase de Religión: ¿sí o no?

   Por enésima vez vuelve a salir, en época previa a las elecciones, la cuestión acerca de la enseñanza religiosa escolar, con grandes titulares en los medios de comunicación y con grandes aspavientos en defensa de una pretendida neutralidad de la escuela y del estado. Se emplean muchos argumentos a favor y en contra de dicha asignatura y de cualquier optativa que se pueda impartir para los que no desean la clase de religión; se discute acerca de la presencia pública de las confesiones religiosas, haciendo especial énfasis en la católica, y se cuestiona, en esta ocasión, los acuerdos internacionales con la Santa Sede y la Constitución Española. Indudablemente, como ocurre con multitud de temas, podemos dialogar y discutir presentando muchas razones a favor y en contra, y en cualquier manera de organizar la educación encontraremos aspectos mejorables; es lo que ocurre con las realizaciones humanas: siempre imperfectas, siempre susceptibles de mejora, y nunca lloviendo a gusto de todos.

   Se puede defender la necesidad de impartir enseñanza religiosa atendiendo a fundamentos jurídicos: leyes que hablan de los derechos de los padres y madres con respecto a la educación de sus hijos, los citados acuerdos del Estado Español y el Vaticano, los diferentes artículos de la Constitución, las recomendaciones de la Unión Europea acerca de educación en valores y religiosa, etc. Al comparar los sistemas educativos europeos descubrimos que en la mayoría de los países vecinos hay clase de religión de una manera o de otra. Sin embargo está claro que las leyes se pueden cambiar, y esto es lo que proponen algunos de nuestros políticos, de manera que con otro cuerpo legislativo diferente, se acabó el argumento... 

   También podemos hablar de la importancia de las religiones en la historia y las costumbres de nuestra civilización, en el influjo cultural del hecho religioso, de modo que un analfabeto religioso no entendería gran parte del patrimonio de nuestra nación, ni de Europa, ni del resto del mundo. Siendo esto cierto, no justifica la clase de religión de carácter confesional: bastaría con una historia de las religiones o unas nociones de cultura religiosa. Algo que, por cierto, está incluido en la programación de la actual clase de religión: durante los años que he dado clase en institutos públicos, muchos profesores se sorprendían al saber que en clase de religión católica los alumnos aprendían acerca de otras religiones como la judía, la islámica, la budista, el hinduismo, y otras. 

   Pienso que mucho más importante es el tema de que las familias son las que tienen derecho a elegir qué tipo de educación quieren para sus hijos. Y este derecho no se basa en ninguna ley establecida por un parlamento ni se fundamenta en ninguna constitución: es un derecho del ser humano que brota de su dignidad y de la vinculación natural de cada persona con aquellos que le han engendrado a la vida. El individuo, la familia y la misma sociedad, así como sus derechos, son anteriores al estado; confundir sociedad y estado es totalitarismo. Las escuelas y las autoridades públicas colaboran con los padres en la educación de sus hijos, y no al revés, como han formulado algunas leyes educativas españolas recientes. Es un dato público contrastado (y no una encuesta electoral), el de la cantidad de familias que cada año solicitan enseñanza religiosa para sus hijos; es un referéndum anual acerca de la clase de religión. 

   Finalmente, hay un argumento muy poco utilizado: ¿por qué tiene que haber clase de religión? Por la misma razón por la que tiene que haber clase de matemáticas, o de historia, o de arte, o de inglés, o de cualquier otra asignatura. La finalidad de la escuela, en primaria, secundaria, bachillerato, es la de ofrecer a nuestros niños y jóvenes una formación integral y general, que les prepare para la vida en un futuro próximo pero que no podemos adivinar. Intentamos que adquieran conocimientos y competencias para desenvolverse en el mundo, y por eso les transmitimos nuestro saber, pero existe un campo del saber que es el religioso. Si lo suprimimos, damos una educación reduccionista. Dialogando una vez con un profesor de economía de un instituto del estado, le decía que él daba clase de economía trasladando al nivel de bachillerato sus estudios universitarios de Empresariales, y yo daba clase de religión, trasladando al mismo nivel mis estudios universitarios de Teología. 

   El estudio confesional del hecho religioso intenta responder a la pregunta de por qué el ser humano ha buscado sentido a su vida y a la realidad en esa tradición concreta, intenta dialogar desde la visión de la propia fe con otras interpretaciones, proporciona valores y actitudes para la conducta y la convivencia, presenta un camino de respuesta a las preguntas del ser humano. Parece razonable que quien imparte este saber religioso, por su carácter de significado profundo acerca de la vida, tenga una vinculación personal al contenido transmitido, además de la correspondiente titulación académica de rango universitario. 

   Este cuerpo de conocimientos que forma el saber religioso puede ser estudiado como el de cualquier otro campo del saber humano. Y lo pueden estudiar tanto los que son creyentes como los que no, porque es algo distinto a la expresión de la fe que se realiza en las iglesias, sinagogas, mezquitas y otros templos. Y lo debe poder elegir cualquiera, independientemente de que estudie en un colegio de titularidad estatal, religiosa o privada.

   Actualmente en España se puede recibir enseñanza religiosa confesional católica, evangélica, judía y musulmana, y quien lo desee una enseñanza aconfesional en valores. Hay muchos problemas relacionados con la educación en nuestros días; sin embargo, algunos parecen querer eludir responsabilidades buscando chivos expiatorios, como si la culpa de dichos problemas estuviera en la escuela concertada o en la enseñanza religiosa, y la solución en su eliminación de raíz. Hay que dejar de lado los intereses partidistas y la demagogia, hay que dialogar, hay que trabajar en favor de la educación integral de las futuras generaciones, llegando a los necesarios puntos de confluencia para lograr el pacto educativo tan necesario y tan demandado por la sociedad española.


Pablo Sierra López,                        

profesor de Filosofía y de Religión católica,    
director pedagógico de ESO-Bachillerato      
del Colegio Ntra Sra de los Infantes de Toledo.

miércoles, 16 de mayo de 2012

domingo, 29 de abril de 2012

Ratzinger: teólogo y pontífice

Hace siete años fue elegido Benedicto XVI como Papa, y por este motivo se ha publicado el siguiente libro, que puedes descargarte de internet, pinchando en la imagen:


lunes, 17 de octubre de 2011

Puerta de la Fe

El Papa Benedicto XVI acaba de convocar un "Año de la Fe",
que se desarrollará desde el 11 de octubre del 2012
hasta el 24 de noviembre del 2013.

Aquí tenéis la Carta Apostólica de convocatoria,
que es un maravilloso alimento para el espíritu:





En el Pórtico de la Gloria de Santiago de Compostela,
tenemos una síntesis en piedra por medio del arte,
de la FE que profesamos.


viernes, 24 de septiembre de 2010

Decálogo del compromiso


¡POR NUESTRA IGLESIA!


escrito por Javier Leoz (en www.betania.es)

1.- Si eres sacerdote, renueva tu compromiso con tu Iglesia, con tu parroquia, con tu gente. Busca aquello que te hace feliz sirviendo a los demás. Inicia este curso con la fuerza de aquella primera vez.

2.-Si eres catequista, piensa que eres voz del Señor. Que, tu misión, no es otra sino llevar la alegría de la fe, la vida de Cristo, las enseñanzas de la Iglesia a las tareas que te han confiado.

3.- Si eres lector de la Palabra, medítala frecuentemente. No dejes que, el domingo, te sorprenda sin haberla leído previamente. Se nota cuando, las cosas, son preparadas de antemano.

4.- Si eres joven, engánchate más aún a la fe. La juventud es un periodo que se pasa en cuatro días. Al final permanecen en pie los pilares de la fe, de la esperanza y de la caridad.

5.- Si eres niño, no dejes de sorprenderte por la presencia de Jesús. Deja que, tus padres, sacerdotes, catequistas….te ayuden a descubrir que, Jesús, también fue pequeño como tú

6.-Si perteneces a algún grupo de caridad o asistencial, no te conformes con el aspecto más o menos social. Piensa que, la fuente de tu generosidad, está en el gran manantial de amor que es Dios.

7.- Si estás consagrado, si eres religioso/a, da gracias a Dios por su llamada y por tu respuesta. Pídele que, tu carisma, esté siempre al servicio de tu comunidad y a descubrir al Señor como centro de tu existencia.

8.- Si perteneces a cualquier movimiento eclesial que ello no te impida el estar abierto e integrado a otras realidades. Nunca, nuestra habitación, es el todo de una casa.

9.- Si participas con el canto, si formas parte de algún coro, recuerda que –la voz- también es un don que Dios te ha dado y que, la música, ha de estar al servicio de la liturgiay no al revés. Que el canto sea expresión del mensaje del evangelio de ese día.

10.- Si eres colaborador, miembro del Consejo Parroquial, si intervienes en el decoro, limpieza u orden del templo, si participas como voluntario, hazlo con gusto y con interés. A Dios, y todo lo que brindamos a los demás en su nombre, hay que ofrecer siempre lo mejor de nosotros mismos


sábado, 15 de mayo de 2010

preparando Pentecostés...



“Pienso que el compromiso más urgente que se nos presenta es el de nuestra renovación. Todo el mundo está de acuerdo en la necesidad de una reevangelización. La Iglesia, hoy en día, no llega al mundo como debería llegar. El mensaje y la actitud de muchos cristianos se han vuelto extraños para gran parte de la gente. Si el mismo Jesús predicara desde nuestros púlpitos, es posible que muchos de los que están se fueran, y bastantes de los que no están volvieran. Un compromiso de renovación es, por tanto, insoslayable.

El problema que veo es que queremos renovarnos desde nosotros mismos. Somos muy amigos de la pasividad y del pasado. En el fondo, buscamos la supervivencia tratando de ser más fieles a las normas, reglas y constituciones que nosotros mismos nos hemos dado. Se da por supuesto que en ellas hay vida, aunque pocos son los que están plenamente convencidos de ello. No salimos de nosotros mismos ni dejamos un pequeño espacio para que nos llegue algo de fuera. La novedad, al menos como categoría teológica, no nos dinamiza la vida. No interesa demasiado el cambio y, en todo caso, no acabamos de creer existencialmente en el poder renovador del Espíritu Santo. De esa forma nos defendemos: «¿Qué mi vida está siendo una mentira? ¿Que mi forma de ser dominico no es la adecuada? ¿Que pueden ser las cosas distintas a como las entiendo yo?››. De eso nada, decimos, para mitigar la culpabilidad.

En el fondo, hay un problema de conversión. Estamos a gusto como estamos y, por otra parte, nos cerramos a la gratuidad. Deberíamos aceptar mejor nuestra incapacidad e impotencia. No somos pobres. No podemos creer que lo estamos haciendo mal, que no sabemos hacerlo, que debemos cambiar. No se trata de un problema moral; no somos peores que nuestros padres. Pero cuando uno se encastilla, está al borde de endurecer su corazón y, desde ese momento, el pecado entra en él y ya todo lo que sale de su interior está infectado. Da igual que se diga con modales finos y educados que sin ellos; la realidad es que uno se cierra al cambio y, por lo tanto, a la gracia. Ahí está el gran pecado de omisión. En realidad estamos fuera del compromiso del Reino.

Para que la renovación sea adecuada, es imprescindible estar en la onda, a la escucha del quehacer actual del Espíritu. Son muy importantes las cosas que nos dice la Iglesia, pero, por desgracia, la mayoría de sus documentos sólo nos llegan al cerebro sin que afecten al corazón. De esa forma, nos atiborramos, mas no cambiamos en nada. El Espíritu llega más hondo. Él es capaz de tocar, de sanar, de convertir; su actuación va siempre directa al corazón. Por lo demás, para la misma Iglesia suele ser sorprendente su actuación.



Por eso la renovación y el cambio no hay que planificarlo, no hay que sacarlo de los entresijos de nuestra historia. No valen para ello nuestros intentos ni nuestras programaciones. No debemos perpetuarnos. La renovación ya está ahí, actuando en la Iglesia. Alguien se ha adelantado y lo ha previsto todo antes de que nosotros nos diéramos cuenta de nada. A unos les llega de una forma y a otros de otra. Los que estamos comprometidos con alguno de los grandes movimientos surgidos después del Vaticano II, nos hemos encontrado gozosamente con esta realidad. No es mérito de nadie, ni nadie supo preverlo, pero es una realidad.

Algunos piensan que estos grandes movimientos o corrientes intentan monopolizar al Espíritu Santo, pero al Espíritu no lo atrapa nadie. Precisamente es al revés. Es Él el que toma la iniciativa, es Él el que llega; es Él el que elige. Todos los que están insertos en esas grandes corrientes espirituales se llevaron, en su día, un gran sorpresón, algo así como el día de Pentecostés. A la vez, se dieron cuenta de que el único que pudo sacarles de su marasmo, del que no se habían enterado, era El. El planifica, El lleva la historia, El renueva la faz de la tierra.

Para vivir este gran compromiso de renovación, necesitamos, pues, tener el corazón abierto y preparado para lo nuevo. Lo nuevo es lo imprevisto, lo no conocido ni, tal vez, esperado o deseado. Es algo que irrumpe, porque la primera nota de nuestro compromiso de renovación es que no es nuestro, sino del Espíritu. Puede llegar de muchas maneras, más los que lo han encontrado en algún gran movimiento tienen recorrido un gran trecho del camino. Sea como sea, Él viene como el agua de mayo, y sabe hacer crecer a cada planta según su propia especie. A una lechuga no la trasformará en palmera; ni a un padre de familia lo va a hacer cura; ni a un jesuita, dominico. La venida del Espíritu llega a la raíz de nuestro bautismo, no a las ramas. Vivificando el bautismo, queda todo renovado.

A unos y a otros nos arraigará en nuestra propia vocación y carisma.

Si esto es así, hay que concluir que los grandes esfuerzos que están empleando tantas parroquias y congregaciones para renovarse desde sí mismas o desde sus tradiciones están abocados al fracaso. El Espíritu contará con los que sigan siendo válidos, pero el incremento y el cambio sólo viene de Él y se realiza en la Iglesia, no en cada uno de nuestros cotos y cercados. La misma Iglesia tiene que estar muy despierta para atisbar lo que pasa en sí misma, de lo contrario puede hacer mucho daño a la renovación y al más urgente de todos los compromisos.”

(Chus Villarroel O.P.
"Vivencias de gratuidad" pags. 262-265)

domingo, 18 de abril de 2010

El suicidio espiritual

¿Cuál debe ser nuestra respuesta ante los terribles escándalos de la Iglesia?

Homilía del sacerdote Franciscano P. Roger J. Landry, pronunciada en la Parroquia del Espíritu Santo en Fall River, MA (Estados Unidos)

La nota de ocho columnas de la semana pasada no se la llevó el desfile del Super Bowl ni quién sería el mariscal de campo, ni tampoco el discurso del Presidente al Estado de la Unión hablando de los operativos terroristas en los Estados Unidos. Nada de esto fue la noticia principal. Los encabezados fueron capturados por la muy triste noticia de que algunos sacerdotes en la Arquidiócesis de Boston abusaron de jóvenes a quienes estaban consagrados a servir.

Es un escándalo mayúsculo, uno que muchas personas que durante largo tiempo han tenido aversión a la Iglesia a causa de alguna de sus enseñanzas morales o doctrinales, lo están usando como pretexto para atacar a la Iglesia como un todo, tratando de implicar que después de todo ellos tenían razón. Muchas personas se han acercado a mí para hablar del asunto. Muchas otras hubieran querido hacerlo, pero creo que por respeto y por no querer sacar a relucir lo que consideran malas noticias, se abstuvieron; pero para mí era obvio que estaba en su mente. Y por eso, hoy quiero atacar el asunto de frente. Ustedes tienen derecho a ello.

No podemos fingir como si no hubiera sucedido. Y yo quisiera discutir cuál debe ser nuestra respuesta como fieles católicos a este terrible escándalo. Lo primero que necesitamos hacer, es entenderlo a la luz de nuestra fe en el Señor. Antes de elegir a Sus primeros discípulos, Jesús subió a la montaña a orar toda la noche. En ese tiempo tenía muchos seguidores. Él habló a Su Padre en oración acerca de a quiénes elegiría para que fueran sus doce Apóstoles, los doce que Él formaría íntimamente, los doce a quienes enviaría a predicar la Buena Nueva en Su nombre. Él les dio el poder de expulsar a los demonios. Les dio el poder para curar a los enfermos. Ellos vieron como Jesús obró incontables milagros. Ellos mismos obraron en Su nombre numerosos milagros.

Pero, a pesar de todo, uno de ellos fue un traidor. Uno que había seguido al Señor, uno, a quien el Señor le lavó los pies, que lo vio caminar sobre las aguas, resucitar a personas de entre los muertos y perdonar a los pecadores, traicionó al Señor. El Evangelio nos dice que Él permitió que Satanás entrara en él y luego vendió al Señor por treinta monedas en Getsemaní, simulando un acto de amor para entregarlo. "!Judas," le dijo Jesús en el huerto de Getsemani, "con un beso entregas al Hijo del hombre!" Jesús no eligió a Judas para que lo traicionara.

Él lo eligió para que fuera como todos los demás. Pero Judas fue siempre libre y usó su libertad para permitir que Satanás entrara en él y, por su traición termino haciendo que Jesús fuera crucificado y ejecutado. Así que desde los primeros doce que Jesús mismo eligió, uno fue un terrible traidor. A VECES LOS ELEGIDOS DE DIOS LO TRAICIONAN. Este es un hecho que debemos asumir. Es un hecho que la primera Iglesia asumió. Si el escándalo causado por Judas hubiera sido lo único en lo que los miembros de la primera Iglesia se hubieran centrado, la Iglesia habría estado acabada antes de comenzar a crecer.

En vez de ello, la Iglesia reconoció que no se juzga algo por aquellos que no lo viven, sino por quienes sí lo viven. En vez de centrarse en aquel que traicionó a Jesús, se centraron en los otros once, gracias a cuya labor, predicación, milagros y amor por Cristo, nosotros estamos aquí hoy. Es gracias a los otros once -todos los cuales, excepto San Juan, fueron martirizados por Cristo y por el Evangelio, por el cual estuvieron dispuestos a dar sus vidas para proclamarlo- que nosotros llegamos a escuchar la palabra salvífica de Dios, que recibimos los sacramentos de la vida eterna.

Hoy somos confrontados por esa misma realidad. Podemos centrarnos en aquellos que traicionaron al Señor, aquellos que abusaron en vez de amar a quienes estaban llamados a servir, o, como la primera Iglesia, podemos enfocarnos en los demás, en los que han permanecido fieles, esos sacerdotes que siguen ofreciendo sus vidas para servir a Cristo y para servirlos a ustedes por amor. Los medios casi nunca prestan atención a los buenos "once", aquellos a quienes Jesús escogió y que permanecieron fieles, que vivieron una vida de silenciosa santidad. Pero nosotros, la Iglesia, debemos ver el terrible escándalo que estamos atestiguando bajo una perspectiva auténtica y completa.


El escándalo desafortunadamente no es algo nuevo para la Iglesia. Hubo muchas épocas en su historia, cuando estuvo peor que ahora. La historia de la Iglesia es como la definición matemática del coseno, es decir, una curva oscilatoria con movimientos de péndulo, con bajas y altas a lo largo de los siglos. En cada una de esas épocas, cuando la Iglesia llegó a su punto más bajo, Dios elevó a tremendos santos que llevaron a la Iglesia de regreso a su verdadera misión. Es casi como si en aquellos momentos de oscuridad, la Luz de Cristo brillara más intensamente.

Yo quisiera centrarme un poco en un par de santos a quienes Dios hizo surgir en esos tiempos tan difíciles, porque su sabiduría realmente puede guiarnos durante este tiempo difícil. San Francisco de Sales fue un santo a quien Dios hizo surgir justo después de la Reforma Protestante. La Reforma Protestante no brotó fundamentalmente por aspectos teológicos, por asuntos de fe -aunque las diferencias teológicas aparecieron después- sino por aspectos morales. Había un sacerdote agustino, Martín Lutero, quien fue a Roma durante el papado más notorio de la historia, el del Papa Alejandro VI. Este Papa jamás enseñó nada contra la fe -el Espíritu Santo lo evitó- pero fue simplemente un hombre malvado. Tuvo nueve hijos de seis diferentes concubinas. Llevó a cabo acciones contra aquellos que consideraba sus enemigos. Martín Lutero visitó Roma durante su papado y se preguntaba cómo Dios podía permitir que un hombre tan malvado fuera la cabeza visible de Su Iglesia. Regresó a Alemania y observó toda clase de problemas morales.

Los sacerdotes vivían abiertamente relaciones con mujeres. Algunos trataban de obtener ganancias vendiendo bienes espirituales. Privaba una inmoralidad terrible entre los laicos católicos. Él se escandalizó, como le hubiera ocurrido a cualquiera que amara a Dios, por esos abusos desenfrenados. Así que fundó su propia iglesia. Eventualmente Dios hizo surgir a muchos santos que combatieran esta solución equivocada y trajeran de regreso a las personas a la Iglesia fundada por Cristo.

San Francisco de Sales fue uno de ellos. Poniendo en riesgo su vida, recorrió Suiza, donde los calvinistas eran muy populares, predicando el Evangelio con verdad y amor. Muchas veces fue golpeado en su camino y dejado por muerto. Un día le preguntaron cuál era su postura en relación al escándalo que causaban tantos de sus hermanos sacerdotes. Lo que él dijo es tan importante para nosotros hoy como lo fue en aquel entonces para quienes lo escucharon.

Él no se anduvo con rodeos. Dijo: "Aquellos que cometen ese tipo de escándalos son culpables del equivalente espiritual a un asesinato, destruyendo la fe de otras personas en Dios con su pésimo ejemplo". Pero al mismo tiempo advirtió a sus oyentes: "Pero yo estoy aquí entre ustedes hoy para evitarles un mal aún peor. Mientras que aquellos que causan el escándalo son culpables de asesinato espiritual, los que acogen el escándalo -los que permiten que los escándalos destruyan su fe-, son culpables de suicidio espiritual."

Son culpables, dijo él, "de cortar de tajo su vida con Cristo, abandonando la fuente de vida en los Sacramentos, especialmente la Eucaristía". San Francisco de Sales anduvo entre la gente de Suiza tratando de prevenir que cometieran un suicidio espiritual a causa de los escándalos. Y yo estoy aquí hoy para predicarles lo mismo a ustedes. ¿Cuál debe ser entonces nuestra reacción?

Otro gran santo que vivió en tiempos particularmente difíciles también puede ayudarnos. El gran San Francisco de Asís vivió alrededor del año 1200, que fue una época de inmoralidad terrible en Italia central. Los sacerdotes daban ejemplos espantosos. La inmoralidad de los laicos era aún peor. San Francisco mismo, siendo joven, había escandalizado a otros con su manera despreocupada de vivir. Pero eventualmente, se convirtió al Señor, fundó a los Franciscanos, ayudó a Dios a reconstruir Su Iglesia y llegó a ser uno de los más grandes santos de todos los tiempos. Una vez, uno de los hermanos de la Orden de Frailes Menores le hizo una pregunta. Este hermano era muy susceptible a los escándalos. "Hermano Francisco," le dijo, "¿qué harías tu si supieras que el sacerdote que está celebrando la Misa tiene tres concubinas a su lado?" Francisco, sin dudar un sólo instante, le dijo muy despacio: "Cuando llegara la hora de la Sagrada Comunión, iría a recibir el Sagrado Cuerpo de mi Señor de las manos ungidas del sacerdote."

¿A dónde quiso llegar Francisco? Él quiso dejar en claro una verdad formidable de la fe y un don extraordinario del Señor. Sin importar cuán pecador pueda ser un sacerdote, siempre y cuando tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia -en Misa, por ejemplo, cambiar el pan y el vino en la carne y la sangre de Cristo, o en la confesión, sin importar cuán pecador sea él en lo personal, perdonar los pecados del penitente, Cristo mismo actúa en los sacramentos a través de ese ministro. Ya sea que el Papa celebre la Misa o que un sacerdote condenado a muerte por un crimen celebre la Misa, en ambos casos es Cristo mismo quien actúa y nos da Su cuerpo y Su sangre.

Así que lo que Francisco estaba diciendo en respuesta a la pregunta de su hermano religioso al manifestarle que él recibiría el Sagrado Cuerpo de Su Señor que sus manos ungidas del sacerdote, es que no iba a permitir que la maldad o inmoralidad del sacerdote lo llevaran a cometer suicidio espiritual. Cristo puede seguir actuando y de hecho actúa incluso a través del más pecador de los sacerdotes. ¡Y gracias a Dios que lo hace!

Y es que si siempre tuviéramos que depender de la santidad personal del sacerdote, estaríamos en graves problemas.

Los sacerdotes son elegidos por Dios de entre los hombres y son tentados como cualquier ser humano y caen en pecado como cualquier ser humano. Pero Dios lo sabía desde el principio. Once de los primeros doce Apóstoles se dispersaron cuando Cristo fue arrestado, pero regresaron; uno de los doce traicionó al Señor y tristemente nunca regresó. Dios ha hecho los sacramentos esencialmente "a prueba de los sacerdotes", esto es, en términos de su santidad personal. No importa cuán santos estos sean o cuán malvados, siempre y cuando tengan la intención de hacer lo que hace la Iglesia, entonces actúa Cristo mismo, tal como actuó a través de Judas cuando Judas expulsó a los demonios y curó a los enfermos.

Así que, de nuevo, les pregunto: ¿Cuál debe ser la respuesta de la Iglesia a estos actos? Se ha hablado mucho al respecto en los medios. ¿Tiene la Iglesia que trabajar mejor, asegurándose que nadie con predisposición a la pedofilia sea ordenado? Absolutamente. Pero esto no sería suficiente. ¿Tiene la Iglesia que actuar mejor para tratar estos casos cuando sean reportados? La Iglesia ha cambiado su manera de abordar estos casos y hoy la situación es mucho mejor de lo que fue en los años ochenta, pero siempre puede ser perfeccionada.

Pero aún esto no sería suficiente. ¿Tenemos que hacer más para apoyar a las víctimas de tales abusos? ¡Sí, tenemos que hacerlo, tanto por justicia como por amor! Pero ni siquiera esto es lo adecuado. El Cardenal Law ha hecho que la mayoría de los rectores de las escuelas de medicina en Boston trabajen en el establecimiento de un centro para la prevención del abuso en niños, que es algo que todos nosotros debemos apoyar. Pero ni siquiera esto es una respuesta suficiente ¡La única respuesta adecuada a este terrible escándalo, -, como San Francisco de Sales reconoció en 1600 e incontables otros santos han reconocido en cada siglo-, es la SANTIDAD!

¡Toda crisis que enfrenta la Iglesia, toda crisis que el mundo enfrenta, es una crisis de santidad! La santidad es crucial, porque es el rostro autentico de la Iglesia. Siempre hay personas -un sacerdote se encuentra con ellas regularmente, ustedes probablemente conocen a varias de ellas también-, que usan excusas para justificar por qué no practican su fe, por qué lentamente están cometiendo suicidio espiritual. Puede ser porque una monja se portó mal con ellos cuando tenían 9 años. O porque no entienden las enseñanzas de la Iglesia sobre algún asunto particular.

Indudablemente habrá muchas personas estos días -y ustedes probablemente se encontraran con ellas- que dirán: "¿Para qué practicar la fe, para qué ir a la Iglesia, si la Iglesia no puede ser verdadera, cuando los así llamados elegidos son capaces de hacer el tipo de cosas que hemos estado leyendo?" Este escándalo es como un perchero enorme donde algunos trataran de colgar su justificación para no practicar la fe. Por eso es que la santidad es tan importante. Estas personas necesitan encontrar en todos nosotros una razón para tener fe, una razón para tener esperanza, una razón para responder con amor al amor del Señor.

Las bienaventuranzas que leemos en el Evangelio de hoy son una receta para la santidad. Todos necesitamos vivirlas más. ¿Tienen que ser más santos los sacerdotes? Seguro que sí. ¿Tienen que ser más santos los religiosos y religiosas y dar un testimonio aún mayor de Dios y del Cielo? Absolutamente. Pero todas las personas en la Iglesia tienen que hacerlo, ¡incluyendo a los laicos! Todos tenemos la vocación de ser santos y esta crisis es una llamada para que despertemos.

Estos son tiempos duros para ser sacerdote hoy. Son tiempos duros para ser católicos hoy. Pero también son tiempos magníficos para ser un sacerdote hoy y tiempos magníficos para ser católicos hoy. Jesús dice en las bienaventuranzas que escuchamos hoy: "Bienaventurados serán cuando los injurien, y los persigan y digan con mentira toda clase de mal contra ustedes por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a ustedes."Yo he experimentado de primera mano esta bienaventuranza, al igual que otros sacerdotes que conozco.

A principios de esta semana, cuando terminé de hacer ejercicio en un gimnasio local, salía yo del vestidor con mi traje negro de clérigo. Una madre, apenas me vio, inmediata y apresuradamente apartó a sus hijos del camino y los protegió de mí mientras yo pasaba. Me miró cuando pasé y cuando me había alejado lo suficiente, respiró aliviada y soltó a sus hijos como si yo fuera a atacarlos a mitad de la tarde en un club deportivo.

Pero mientras que todos nosotros quizá tengamos que padecer tales insultos y falsedades por causa de Cristo, de hecho debemos regocijarnos. Es un tiempo fantástico para ser cristianos hoy, porque es un tiempo en el que Dios realmente necesita de nosotros para mostrar Su verdadero rostro. En tiempos pasados en Estados Unidos, la Iglesia era respetada. Los sacerdotes eran respetados. La Iglesia tenía reputación de santidad y bondad. Pero ya no es así. Uno de los más grandes predicadores en la historia estadounidense, el Obispo Fulton J. Sheen, solía decir que él prefería vivir en tiempos en los que la Iglesia sufre en vez de cuando florece, cuando la Iglesia tiene que luchar, cuando la Iglesia tiene que ir contra la cultura.

Esas épocas para que los verdaderos hombres y las verdaderas mujeres dieran un paso al frente y contaran. "Hasta los cadáveres pueden flotar corriente abajo," solía decir, señalando que muchas personas salen adelante fácilmente cuando la Iglesia es respetada, "pero se necesita de verdaderos hombres, de verdaderas mujeres, para nadar contra la corriente." ¡Qué cierto es esto!

Hay que ser un verdadero hombre y una verdadera mujer para mantenerse a flote y nadar contra la corriente que se mueve en oposición a la Iglesia. Hay que ser un verdadero hombre y una verdadera mujer para reconocer que cuando se nada contra la corriente de las críticas, estamos más seguros que cuando permanecemos adheridos a la Roca sobre la que Cristo fundó su Iglesia. Este es uno de esos tiempos. Es uno de los grandes momentos para ser cristianos.

Algunas personas predicen que en esta región la Iglesia pasará tiempos difíciles y quizá sea así, pero la Iglesia sobrevivirá, porque el Señor se asegurará de que sobreviva. Una de las más grandes réplicas en la historia sucedió justamente hace unos 200 años. El emperador francés Napoleón engullía con sus ejércitos a los países de Europa con la intención final de dominar totalmente el mundo.

En aquel entonces dijo una vez al Cardenal Consalvi:
"Voy a destruir su Iglesia" El Cardenal le contestó: "No, no podrá". Napoleón, con sus 150 cm. de altura, dijo otra vez: "¡Voy a destruir su Iglesia!" El Cardenal dijo confiado: "No, no podrá.! Ni siquiera nosotros hemos podido hacerlo!

Si los malos Papas, los sacerdotes infieles y miles de pecadores en la Iglesia no han tenido éxito en destruirla desde su interior -le estaba diciendo implícitamente al general- ¿cómo cree que Ud. va a poder hacerlo?

El Cardenal apuntaba a una verdad crucial. Cristo nunca permitirá que Su Iglesia fracase. El prometió que las puertas del infierno no prevalecerían sobre Su Iglesia, que la barca de Pedro, la Iglesia que navega en el tiempo hacia su puerto eterno en el cielo, nunca se volcará, no porque aquellos que van en ella no cometan todos los pecados posibles para hundirla, sino porque Cristo, que también está en la barca, nunca permitirá que esto suceda. Cristo sigue en la barca y Él nunca la abandonará.

La magnitud de este escándalo podría ser tal, que de ahora en adelante ustedes encuentren difícil confiar en los sacerdotes de la misma manera como lo hicieron en el pasado. Esto puede suceder y podría no ser tan malo. ¡Pero nunca pierdan la confianza en el Señor! ¡Es Su Iglesia! Aún cuando algunos de Sus elegidos lo hayan traicionado, Él llamará a otros que serán fieles, que los servirán a ustedes con el amor que merecen ser servidos, tal como ocurrió después de la muerte de Judas, cuando los once Apóstoles se pusieron de acuerdo y permitieron que el Señor eligiera a alguien que tomara el lugar de Judas y escogieron al hombre que terminó siendo San Matías, quien proclamó fielmente el Evangelio hasta ser martirizado por él.

¡Este es un tiempo en el que todos nosotros necesitamos concentrarnos aún más en la santidad! ¡Estamos llamados a ser santos y cuánto necesita nuestra sociedad ver ese rostro hermoso y radiante de la Iglesia! Ustedes son parte de la solución, una parte crucial de la solución. Y cuando caminen al frente hoy para recibir de las manos ungidas de este sacerdote el Sagrado Cuerpo del Señor, pídanle a Él que los llene de un deseo real de santidad, un deseo real de mostrar Su autentico rostro.

Una de las razones por las que yo estoy aquí como sacerdote para ustedes hoy es porque siendo joven, me impresionaron negativamente algunos de los sacerdotes que conocí. Los veía celebrar la Misa y casi sin reverencia alguna dejaban caer el Cuerpo del Señor en la patena, como si tuvieran en sus manos algo de poco valor en vez de al Creador y Salvador de todos, en vez de a MI Creador y Salvador. Recuerdo haberle dicho al Señor, reiterando mi deseo de ser sacerdote: "¡Señor, por favor, déjame ser sacerdote para que pueda tratarte como Tú mereces!" Eso me dio un ardiente deseo de servir al Señor.

Quizá este escándalo les permita a ustedes hacer lo mismo. Este escándalo puede ser algo que los conduzca por el camino del suicidio espiritual o algo que los inspire a decir, finalmente, "Quiero ser santo, para que yo y la Iglesia podamos glorificar Tu nombre como Tú lo mereces, para que otros puedan encontrarte en el amor y la salvación que yo he encontrado." Jesús está con nosotros, como lo prometió, hasta el final de los tiempos. Él sigue en la barca. Tal como a partir de la traición de Judas, Él alcanzo la más grande victoria en la historia del mundo, nuestra salvación por medio de Su Pasión, muerte y Resurrección, también a través de este episodio Él puede traer y quiere traer un nuevo renacimiento de la santidad, para lanzar unos nuevos Hechos de los Apóstoles en el siglo XXI, con cada uno de nosotros -y esto te incluye a TI- jugando un papel estelar.

Ahora es el tiempo para que los verdaderos hombres y mujeres de la Iglesia se pongan de pie. Ahora es el tiempo de los santos. ¿Cómo vas a responder tú?