(Departamento de PASTORAL) ...para vivir y anunciar el Evangelio de Jesús
viernes, 1 de marzo de 2013
lunes, 5 de diciembre de 2011
Historia de la Iglesia: EDAD MEDIA (I)
CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO.
En el año 395 murió el emperador Teodosio, y el Imperio quedó dividido en Oriente (capital Constantinopla) y Occidente (capital Roma).
Mientras Oriente se mantenía, el Imperio Romano de Occidente se fue debilitando hasta derrumbarse por las invasiones de los pueblos bárbaros en el siglo V.
Desde el norte, diversas tribus de pueblos germánicos fueron entrando en el territorio del Imperio, que era incapaz de hacerles frente por la falta de soldados y de medios para mantenerlos.
Los visigodos con Alarico (año 410) saquean Roma y se establecen en España; los vándalos llegan hasta el norte de África; los hunos con Atila (año 452) llegan a Roma y gracias al Papa san León Magno se retiran; y en el año 476 es destronado Rómulo Augústulo, el último emperador romano de Occidente.
LOS NUEVOS REINOS: EL ORIGEN DE EUROPA.
Estas tribus (visigodos, ostrogodos, francos, lombardos, anglos, sajones, vándalos,...) se asentaron en las distintas regiones formando reinos, que son el origen de las posteriores naciones europeas.
No fue fácil la unión de los antiguos habitantes del Imperio Romano con los nuevos pobladores de origen bárbaro. Los nuevos pueblos tenían sus dioses, su propia cultura, una moral más relajada, etc. Sin embargo, la superioridad de la cultura romana y de la religión cristiana se fue imponiendo poco a poco. Se podría decir que se produjo una nueva cultura cristiana, síntesis de la grecorromana y de la germánica.
LA EVANGELIZACIÓN DE EUROPA.
Los pueblos que habían invadido el Imperio Romano eran paganos o arrianos, y poco a poco fueron convirtiéndose a la fe cristiana católica.
Los protagonistas de esta tarea fueron los Papas, que impulsaron las misiones de evangelización; los grandes misioneros (san Benito, san Agustín de Canterbury, san Bonifacio, san Cirilo y san Metodio, etc.); los reyes y príncipes, que al convertirse arrastraban a todo su pueblo; las mujeres cristianas, tanto monjas consagradas a Dios, como esposas-madres de familia que sembraban la fe en sus hogares.
En este proceso evangelizador había un primer momento de conversión, en el que se bautizaban masivamente todos los miembros del pueblo, con sus reyes y príncipes. Después, venía la instrucción o catequesis, para ir cambiando la mentalidad y las costumbres contrarias al Evangelio (venganzas, sensualidad, supersticiones,...).
LA GALIA: Allí se instalaron los francos, que eran paganos. El rey Clodoveo, casado con la católica Clotilde, se convirtió y se bautizó en la Navidad del año 496. Con él, toda la nación de los francos se convirtió. Es el primer reino bárbaro que se hizo católico.
BRITANIA: Ya en el siglo V los celtas de las Islas Británicas eran en su mayoría cristianos, y vivían la fe alrededor de los monasterios. En el año 596 el Papa san Gregorio Magno envía a Inglaterra a cuarenta monjes misioneros dirigidos por san Agustín, primer arzobispo de Canterbury.
GERMANIA: Fue cristianizada por los anglos y los sajones, que enviaron a los monjes san Wilibrordo (siglo VII) y san Bonifacio (siglo VIII).
PUEBLOS ESLAVOS: (serbios, croatas, eslovenos, checos, sorabos, polacos, obodritas, pomeranos). Recibieron la fe de misioneros que venían de Roma y de Constantinopla. Los hermanos Cirilo y Metodio crearon el alfabeto eslavo -cirílico- y en su propia lengua transmitieron el Evangelio. En el año 865 se bautizó Boris I, rey de los búlgaros, y en el 989, el príncipe Vladimiro de Kiev (Rusia).
ITALIA: Se convirtió en reino de los ostrogodos, con capital en Ravena. Algunos pensadores cristianos como Boecio y Casiodoro junto con los Papas y los monjes, defendieron y transmitieron los valores cristianos, que fueron calando poco a poco en los bárbaros.
CRISTIANIZACIÓN DE HISPANIA.
Desde el año 411 existía el reino visigodo, con capital en Toledo. Los visigodos eran cristianos arrianos (v. tema 4), desde antes de llegar a Occidente, por la predicación del obispo Wulfilas.
Tras las primeras tensiones entre los hispano-romanos, católicos, y los visigodos arrianos, hubo un tiempo de calma hasta el año 459, con el rey Teodorico.
Con el rey Aguila, del 549 al 555, volvieron las represiones y los destierros contra los católicos, que provocaban insurrecciones y luchas.
Después, el rey Leovigildo intentó unir a todos en la fe arriana. Su hijo, san Hermenegildo, se hizo católico por influencia del obispo san Leandro de Sevilla, y su padre lo mandó matar.
Al morir Leovigildo (586), le sucedió su otro hijo, Recaredo, que se convirtió a la fe católica en el año 589, en el III Concilio de Toledo. Desde entonces, destacan en la Iglesia española grandes figuras tanto en lo cultural, como en lo religioso: san Isidoro de Sevilla, San Ildefonso de Toledo, san Braulio de Zaragoza, san Fulgencio de Écija.
jueves, 1 de diciembre de 2011
Quién es realmente Papa Noel...
La devoción a san Nicolás es un hecho asombroso en extensión e intensidad.
Hay miles de iglesias bajo su advocación en todo el mundo.
Los niños de muchos países esperan de él los juguetes...
Su fiesta se celebra el 6 de diciembre.
San Nicolás fue obispo de la ciudad de Mira, en Licia, Asia Menor (corresponde a la localidad turca llamada actualmente Dembre), en el s. IV, y sus reliquias se veneran en Bari (Italia). Muy pocos son los datos que se conocen de la vida de este santo, puesto que no existen testimonios auténticos contemporáneos. Sus biografías más antiguas son de algunos siglos posteriores a la época en que se cree que vivió. Se considera que nació en Patara (Asia Menor) alrededor del año 270, y que murió un día 6 de diciembre de un año entre 345 y 352.
Lo poco que se conoce de la figura de San Nicolás contrasta fuertemente con la universalidad de su fama y de su culto, con la popularidad de que goza en oriente y en occidente, aun en los tiempos modernos, y con la abundancia de leyendas creadas en torno a él. Fue tan popular en la antigüedad, que se le han consagrado en el mundo más de dos mil templos. Era y es invocado en los peligros, en los naufragios, en los incendios y cuando la situación económica se ponía difícil, y la gente conseguía por su intercesión favores admirables.
Existen muchas obras que hablan de la vida del santo. Entre ellas destaca una compilación de San Metodio, Arzobispo de Constantinopla, que ofrece un resumen de todas las piadosas y maravillosas historias que se contaban de él.
Según estas historias, ya desde el nacimiento de Nicolás los prodigios se suceden uno tras otro: Desde niño se caracterizó porque todo lo que conseguía lo repartía entre los pobres. Decía a sus padres: "sería un pecado no repartir mucho, siendo que Dios nos ha dado tanto". La generosidad es una virtud que siempre se ha asociado a este santo.
Fue ordenado sacerdote por un obispo tío suyo. Al morir sus padres atendiendo a los enfermos en una epidemia, él quedó heredero de una inmensa fortuna. Entonces repartió sus riquezas entre los pobres y se fue a un monasterio. Después de visitar Tierra Santa llegó a la ciudad de Mira (Turquía) donde fue elegido obispo. Su elección se consideró un designio divino.
San Nicolás es especialmente famoso por los numerosos milagros que lograba conseguir de Dios. Se le representaba con unos niños, porque se contaba que un criminal había herido a cuchillo a varios niños, y el santo al rezar por ellos obtuvo su curación instantánea.
También pintan junto a él a una joven, ya que se dice que en su ciudad había un anciano muy pobre con tres hijas a las que no lograba casar por su extrema pobreza; el santo, por tres días seguidos, cada noche le echó por la ventana una bolsa con monedas de oro, y así el anciano logró casarlas.
Otra historia cuenta como estando unos marineros en medio de una terribilísima tempestad en alta mar, empezaron a decir: "Oh Dios, por las oraciones de nuestro buen obispo Nicolás, sálvanos". Y en ese momento vieron aparecer sobre el barco a San Nicolás, el cual bendijo al mar, que se calmó, y en seguida desapareció. Por esto es considerado también patrono de los marineros.
En otra ocasión iban a condenar injustamente a tres amigos suyos que estaban muy lejos. Ellos rezaron pidiendo a Dios que por la intercesión de Nicolás, su obispo, los protegiera, y esa noche en sueños el santo se apareció al juez y le dijo que no podía condenar a esos tres inocentes; así, al siguiente día fueron absueltos.
Cuando el emperador Licinio decretó una persecución contra los cristianos Nicolás fue encarcelado y azotado, pero siguió aprovechando toda ocasión que se le presentaba para hablar del cristianismo a cuantos trataban con él. Luchó contra la idolatría, y convirtió a judíos y árabes. Una vez muerto, el poder milagroso del santo seguía asistiendo a todos aquellos que le invocaban.
En Roma ya en el año 550 le habían construido un templo en su honor. En 1087, las reliquias de San Nicolás fueron trasladadas a Bari: según la tradición —avalada por un documento del s. XII— cuando los mahometanos invadieron Turquía, un grupo de católicos sacó de allí en secreto las reliquias del santo y se las llevó a la ciudad de Bari, en Italia. Allí se obtuvieron tan admirables milagros por intercesión del santo, que su culto llegó a ser sumamente popular en toda Europa.
En 1089 el mismo papa Urbano II consagró la cripta en donde son venerados los restos del santo. Es Patrono de Rusia, de Grecia y de Turquía, e innumerables iglesias le han sido dedicadas. En oriente lo llaman San Nicolás de Mira, por la ciudad de la que fue obispo, pero en occidente se le llama San Nicolás de Bari. Aún en la actualidad es considerado en muchas partes como patrono de los niños y de los marineros.
Origen de la figura de Santa Claus
Su fiesta se celebra el 6 de diciembre. Por haber sido tan amigo de la niñez y tan generoso, en algunos países europeos se repartían en este día dulces y regalos a los niños, y prácticamente con esta fecha se empezaban las festividades de diciembre, relacionando así al santo con las fiestas navideñas.
Durante los siglos XVII y XVIII coinciden en Estados Unidos inmigrantes de distintas culturas como la británica, la holandesa y la alemana: la tradición católica de holandeses y alemanes, que tenía devoción a San Nicolás se mezcló con la de “Father Christmas” (el padre de la Navidad) que era la figura típica de las fiestas navideñas en Inglaterra.
Como derivación del nombre del santo en alemán (San Nikolaus) lo empezaron a llamar Santa Claus, y fue popularizado en la década de 1820 —a través de un poema famosísimo en los Estados Unidos del poeta Clement Clark Moore— como un amable y regordete anciano de barba blanca, al que llama “St. Nick”, que la noche de Navidad pasaba de casa en casa repartiendo regalos y dulces a los niños en un trineo volador tirado por renos.
La marca de refrescos Coca-Cola, al utilizar al personaje como parte de su campaña comercial en Navidad, cambiaría su capa de pieles por un traje rojo y blanco, dando así lugar al personaje de Santa Claus tal como se conoce ahora, también llamado Papá Noel y por supuesto —rememorando su origen— San Nicolás.
martes, 13 de septiembre de 2011
Historia de la Iglesia: La Iglesia en libertad
FIN DE LAS PERSECUCIONES.
Cuando Constantino venció a Majencio en la Batalla del Puente Milvio (312) y quedó como único emperador de Occidente, atribuyó esta victoria a la ayuda de Cristo, en quien creía su madre (santa Elena).
En el año 313, con Licinio -emperador de Oriente-, promulgó el Edicto de Milán, con el que se concedía libertad religiosa a los cristianos. Constantino, sin embargo, no recibió el Bautismo hasta el año 337, poco antes de morir.
Desde entonces, con el breve paréntesis de Juliano el Apóstata (359-361), todos los emperadores romanos fueron fieles al cristianismo.
RELIGIÓN OFICIAL DEL IMPERIO.
“Queremos que todos los pueblos situados bajo la dulce autoridad de nuestra clemencia vivan en la fe que el santo apóstol Pedro transmitió a los romanos, que se ha predicado hasta hoy como la predicó él mismo y que siguen como todos saben el pontífice Dámaso y el obispo Pedro de Alejandría... Decretamos que sólo tendrán derecho de decirse cristianos católicos los que se sometan a esta ley y que todos los demás son locos e insensatos sobre los que pesa la herejía. Serán objeto en primer lugar de la venganza divina, para ser luego castigados por nosotros, según la decisión que nos ha inspirado el cielo”.
De esta manera el Cristianismo se convertía en la religión oficial del Imperio Romano. Aumentó el número de cristianos (al terminar las persecuciones había 6 ó 7 millones de cristianos, de los 50 millones de habitantes del Imperio), pero se perdió mucho en autenticidad, porque muchos lo eran por interés social o moda.
Los dirigentes del Imperio perseguían ahora a los paganos, las autoridades eclesiásticas se dejaban manipular y aparecían demasiado ligadas al poder político. Esto dio lugar a la confusión entre la Iglesia y el Estado: la “teocracia” (intervención de la jerarquía eclesiástica en los asuntos del Estado) y el “cesaropapismo” (intervención abusiva del emperador en los asuntos de la Iglesia).
Aunque se debilitó la vida cristiana, por otro lado, se cristianizó la vida del Imperio. Las leyes se modificaron, impregnándose del sentido cristiano de la justicia y del respeto a todos y a los más débiles. Se suprimieron las crucifixiones y las luchas de gladiadores, mejoraron las condiciones de vida de los presos y esclavos, se prohibió la venta de niños y su abandono, el concubinato, etc.
LA VIDA DE LA IGLESIA.

Hay varios aspectos del desarrollo del cristianismo que se pueden destacar en estos años (313-476), hasta que cayó el Imperio Romano de Occidente:
- Los fieles cristianos extendieron la fe, evangelizando las zonas rurales y toda la cultura grecorromana.
- En la organización eclesiástica se consolidó el papel y las funciones del obispo y de los presbíteros. Se estructuraron los Patriarcados de Roma, Constantinopla, Alejandría y Jerusalén, y la primacía de Roma.
- Se estructuró la celebración litúrgica de los sacramentos (sobre todo bautismo, confirmación, eucaristía y penitencia). Se organizó el año litúrgico alrededor de la Pascua, la Navidad y las fiestas de los mártires y santos.
- Aparecieron los primeros monjes: hombres que se retiraban al desierto para vivir el Evangelio en oración, trabajo y penitencia. Los eremitas o anacoretas vivían solos (san Pablo de Tebas, san Antonio) y los cenobitas vivían en comunidad (san Pacomio, san Basilio).
- También hubo elementos negativos para la vida de la Iglesia, como la “teocracia” (intervención desmedida de la jerarquía eclesiástica en los asuntos del Imperio) y el “cesaropapismo” (intervención abusiva del emperador en los asuntos de la Iglesia).
Esto llevó a que la Iglesia aparentara ser una institución de riqueza y poderío, cosa que lamentaban los santos como san Juan Crisóstomo o san Ambrosio, que llegará a decir que “los emperadores nos ayudaban más cuando nos perseguían que ahora que nos protegen”.
A pesar del pecado de los hombres, de las presiones , de los intereses políticos de los emperadores, etc., la Iglesia en esta época continúa dando abundantes frutos de santidad, porque siempre es el Espíritu Santo el que la conduce.
LAS HEREJÍAS Y LOS PRIMEROS CONCILIOS.
El deseo de explicar los misterios de la fe cristiana de manera comprensible para los que tenían una cultura grecorromana llevó a algunos a proponer explicaciones erróneas, es decir herejías.
Las herejías nacieron de la buena intención de explicar la fe en que Cristo es Dios y hombre verdadero, pero cometieron errores. Para aclarar estas cuestiones de fe se convocaron Concilios Ecuménicos, que eran reuniones de obispos para estudiar la doctrina de la Iglesia y definir la fe.
- ARRIANISMO: Arrio, sacerdote de Alejandría afirmaba que Jesús no era verdadero Dios, sino que había sido creado, y por tanto era inferior al Padre.
- CONCILIO DE NICEA (año 325): Afirmó que Cristo es Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre. Presidió este concilio el obispo de Córdoba, Osio.
- CONCILIO DE CONSTANTINOPLA I (año 381): Presidió san Gregorio Nacianceno. Se reafirmó lo enseñado por Nicea, añadiendo una afirmación sobre la divinidad del Espíritu Santo. El arrianismo fue desapareciendo, aunque se mantuvo entre los visigodos.
- NESTORIANISMO: Nestorio, patriarca de Constantinopla, enseñaba que en Jesucristo había dos personas, la divina y la humana. Y María era madre de la persona humana, no la madre de Dios.
- CONCILIO DE ÉFESO (año 431): Este concilio enseñó que Jesús es una sola persona divina, con dos naturalezas, y por tanto, María es madre de la única Persona de Cristo, es Madre de Dios.
- MONOFISISMO: Eutiques, monje de Constantinopla, decía que Jesús sólo tenía una naturaleza, la divina, y no era verdadero hombre.
- CONCILIO DE CALCEDONIA (año 451): Se confirmó la fe de Nicea y Constantinopla, recordando que Jesucristo es la 2ª Persona Divina de la Trinidad, que tiene dos naturalezas (divina y humana).
LOS PADRES DE LA IGLESIA.
En la vida de la Iglesia en estos primeros siglos (hasta el s. V), destacaron los “Santos Padres”, llamados así por su fidelidad a la Iglesia, su santidad de vida y su enseñanza sobre la fe cristiana.
- San Atanasio: patriarca de Alejandría, que replicó a Arrio. Fue desterrado varias veces por emperadores partidarios de Arrio, y luchó por la libertad de la Iglesia.
- San Basilio: Junto a san Gregorio Nacianceno afirmó la divinidad del Espíritu Santo. Defendió y ayudó a los más pobres, e impulsó la vida de los monjes.
- San Gregorio de Nisa: destaca por sus obras explicando los textos de la Biblia.
- San Juan Crisóstomo: llamado “boca de oro” por sus predicaciones. Reformador de la vida cristiana, vivía y fomentaba la austeridad, y criticaba el lujo y los vicios de la corte, por lo que fue condenado al destierro, donde murió.
- San Ambrosio: gobernador convertido al cristianismo, y elegido obispo de Milán por el pueblo. Defendió a los pobres e hizo frente a los abusos de las autoridades de imperiales, incluido el emperador Teodosio.
- San Jerónimo: Experto en la Biblia, la tradujo al latín (“Vulgata”), y fundó diversas comunidades de monjas y monjes en Belén.
- San Agustín: Después de una juventud perdida, se convirtió al cristianismo y llegó a ser obispo de Hipona (África). Destacan sus obras de filosofía y teología.
viernes, 3 de junio de 2011
Historia de la Iglesia: La Iglesia en el Imperio Romano
PAGANISMO Y CRISTIANISMO ENFRENTADOS.
En la sociedad romana -que abarcaba todo el Mediterráneo- había distintas clases sociales: patricios, plebeyos, libertos, esclavos.
La religión oficial o ciudadana tenía un culto formalista al dios Júpiter y a otras muchas divinidades (Juno, Vesta, Minerva, Ceres, Diana, Venus, etc.), con bastantes templos. También se daba culto al emperador, como a un dios.
De forma paralela había otras corrientes religiosas, de tipo filosófico entre las clases altas, y orientales y mistéricas entre las clases populares.
El cristianismo fue una novedad: Adoraban a un condenado a muerte de cruz. Acogían a todos sin distinción de raza o clase social, según la Ley del Amor. Daban preferencia a los más pobres y débiles y rechazaban la violencia, ya que todos somos hermanos que deben vivir en comunión.
El cristianismo chocaba contra el sistema establecido. Los cristianos no reconocían más señor que a Jesucristo, y por eso no daban culto al emperador. Tampoco participaban en las fiestas en honor de los dioses, ni se alistaban como soldados (para no adorar al emperador). Además, no frecuentaban los espectáculos públicos, como las luchas del circo o los espectáculos teatrales.
ACUSACIONES CONTRA LOS CRISTIANOS.
Se mezclaron los rumores, las calumnias y las burlas a nivel popular, provocados por la ignorancia, con las impugnaciones de los intelectuales que consideraban al cristianismo como una superstición irracional.
Las autoridades acusaron a los cristianos de ateos, por no adorar a los dioses, de supersticiosos, por sus ritos y sacramentos, de ser culpables de la peste y del hambre, porque provocaban la ira de los dioses. Pero la causa principal fue la de ser enemigos del Estado, por no adorar a los dioses oficiales y al emperador.
RESPUESTA CRISTIANA.
Con sus hechos, mostrando cómo vivían realmente y con sus palabras y escritos, fue cómo los cristianos hicieron frente a estos ataques.
Un cristiano del siglo II escribió a un tal Diogneto, contándole quiénes era y qué hacía los cristianos:
“Los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por su tierra, ni por su lengua, ni por sus costumbres... No viven un género de vida insólito... Viven en las ciudades griegas o bárbaras y siguen las costumbres de sus convecinos en la comida, en el vestido y en todo lo demás; pero con su presencia, ofrecen el testimonio de una vida admirable y, a juicio de muchos, increíble.
Se casan como todos y engendran hijos, aunque no abandonan a los recién nacidos. Ponen mesa común, pero no lecho. Viven en la carne, pero no según la carne. Están en la tierra, aunque su ciudadanía es el cielo. Se someten a las leyes establecidas, pero con sus propias vidas superan estas leyes.
Aman a todos, aunque todos los persiguen. Se les desconoce y con todo se les condena. Son llevados a la muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres y enriquecen a muchos. Les falta todo, pero les sobra todo... Se les insulta y ellos bendicen. Se les injuria y ellos honran a los demás. Son castigados como malvados, pero hacen el bien”.
Los apologetas (san Justino, san Ireneo, Tertuliano) eran pensadores cristianos que escribían en defensa de la fe y de las comunidades. Escribieron “Las Apologías”, que significa defensas, justificaciones. Utilizaban el lenguaje y las ideas de la cultura grecorromana para explicar la fe cristiana. Es el inicio de la teología.
“Se nos llama ateos. Sí, cierto, lo confesamos. Somos ateos frente a esos pretendidos dioses; pero creemos en un Dios verdadero, padre de la justicia, de la sabiduría y de las demás virtudes, en el que no se halla mezcla de mal. Con Él veneramos, adoramos, honramos en espíritu y verdad al Hijo, que de Él procede, que nos ha dado estas enseñanzas... y al Espíritu profético” (San Justino).
LAS PERSECUCIONES.
Fueron intermitentes; a veces se producían en todo el Imperio, y otras veces sólo en alguna región. Fueron muy violentas y ocasionaron, según los historiadores modernos, unos cien mil mártires aproximadamente, que entregaron su vida heroicamente como testimonio de su fe y perdonando a sus verdugos.
Nerón: (años 54-68) Este emperador incendió algunos barrios de Roma en el año 64 y acusó de ello a los cristianos. Los condenó a muerte en espectáculos sangrientos (circo, luchas de fieras, gladiadores, etc.). En esta persecución fue crucificado san Pedro y decapitado san Pablo.
Domiciano (81-96) y Trajano (98-117): Prolongan la persecución y ocasionan muchos mártires, como el papa san Clemente romano y san Ignacio de Antioquía.
Marco Aurelio (161-180): Promulgó un decreto prohibiendo nuevos cultos religiosos, y el pueblo descargó todo su odio y violencia sobre los cristianos. Murieron san Justino, el obispo san Policarpo de Esmirna y algunos paisanos suyos, un grupo de creyentes de Lyon en las Galias.
Septimio Severo promulgó un decreto en el año 202 prohibiendo a cristianos y a judíos la propagación de su fe, lo que intensificó la persecución. Entre otros muchos, murieron las santas Felicidad y Perpetua. A pesar de ello, en esta época la Iglesia se extendió mucho por Occidente (Italia, Galia, Hispania).
Decio (249-251): Fue una de las persecuciones más duras y más generalizadas. Se exigió a todos los habitantes del Imperio un certificado de haber sacrificado a los dioses. Muchos cristianos se negaron y murieron (como el papa Fabián), pero otros (los lapsi) consintieron en hacerlo para salvarse. Muchos, después de arrepentirse y hacer penitencia fueron readmitidos en la Iglesia.
Valeriano (253-260): Promulgó dos edictos en contra del cristianismo. Murieron el papa san Sixto y su diácono san Lorenzo, el niño san Tarsicio, en Roma; san Cipriano en Cartago; san Fructuoso en Tarragona, etc.
Diocleciano y Galerio (303-313): Con la tolerancia de Galieno (260-268) y la paz de Aureliano (270-275) la Iglesia se extendió enormemente. Entonces se produjo la última y más terrible persecución, que en Oriente fue casi continua. Después de terribles torturas eran ejecutados grandes grupos de cristianos.
En España murieron las santas Justa y Rufina (Sevilla), santa Engracia (Zaragoza), san Vicente (Valencia), los niños santos Justo y Pastor (Alcalá).
martes, 26 de abril de 2011
Historia de la Iglesia - La expansión del Cristianismo
EN JERUSALÉN.
Entre los cristianos también había dificultades y tensiones. Algunos eran judíos muy observantes de todas las tradiciones, y otros (los helenistas) opinaban que no había que aferrarse tanto a las costumbres de la Ley de Moisés.
Al crecer el grupo de los cristianos, Pedro y los otros Apóstoles eligieron como colaboradores suyos a siete diáconos para que les ayudaran en el servicio a los hermanos.
MARTIRIO DE ESTEBAN Y ANUNCIO DEL EVANGELIO.
Esteban, uno de los siete diáconos, predicaba el Evangelio, haciendo ver que en Jesucristo se habían cumplido todas las promesas de los profetas y que en Él había quedado superada la Antigua Alianza de la Ley de Moisés. En la sangre de Cristo se había realizado la Nueva Alianza. Por afirmar la divinidad de Jesucristo, Esteban fue acusado de blasfemo y lo mataron lapidándolo, mientras él perdonaba a sus verdugos (Hch 6-7).
Entonces, comenzó una gran persecución contra la Iglesia, que ayudó a su expansión, porque los creyentes se dispersaron, llegando hasta Fenicia, Chipre y Antioquía. En Antioquía fue donde empezaron a llamar "cristianos" a los seguidores de Jesús.

CONVERSIÓN DE SAULO (Hch 9).
Saulo era un joven judío, del grupo de los fariseos, con una sólida formación en la religión judía y enemigo de los cristianos. Pidió al Sumo Sacerdote autorización para ir a Damasco y apresar a los cristianos que encontrara.
En el camino de Damasco, Saulo, caído en tierra, se encuentra con Jesús Resucitado, que le llama por su nombre... Ya en Damasco, un discípulo de Jesús llamado Ananías le impuso las manos a Saulo, que recobró la vista y pidió el Bautismo. Entonces comenzó a predicar también la Buena Noticia de Jesús, hasta que tuvo que huir para que no le mataran.
En Jerusalén fue presentado a los apóstoles, y volvió a Tarso. Durante algunos años continuó profundizando en el mensaje de Jesús, que luego llevaría por todo el mundo.
“...HASTA LOS CONFINES DE LA TIERRA”.
Saulo y Bernabé, enviados por la comunidad cristiana de Antioquía, fueron a evangelizar en Chipre y en otras ciudades de Asia Menor. Era hacia el año 45, y este primer viaje misionero de Saulo (que cambiará su nombre por el de Pablo) lo encontramos en los capítulos 13 y 14 de los “Hechos de los Apóstoles”.
Más adelante san Pablo realizará otros tres viajes, el último prisionero para ser juzgado en Roma por el emperador.
En cada ciudad predicaba y formaba comunidades cristianas que vivían y anunciaban el mensaje de Jesús. De esta manera evangelizaba san Pablo, el mayor difusor del cristianismo en el mundo antiguo.
La extensión de la Iglesia hacia Europa se inicia con una visión que tiene Pablo en la que un misterioso personaje le invita a predicar en Macedonia (Hch 16,9). Desde allí, viajan hasta Atenas, Corinto, Éfeso, Roma,... y parece ser que hasta España, el “fin de la tierra” (finis terrae). En la carta a los Romanos (15,22-24) habla del deseo de viajar a España.
EL CONCILIO DE JERUSALÉN (Hch 15).
Entre los primeros cristianos había algunos procedían del Judaísmo y otros del Paganismo (gentiles). Las diferencias y dificultades que hicieron necesario este primer Concilio de la Iglesia surgían de cómo había que valorar y aplicar las tradiciones judías. ¿Había que cumplirlas todas al pie de la letra, o no?
Algunos cristianos de Jerusalén, del grupo de los judaizantes, fueron a Antioquía y “se pusieron a enseñar a los hermanos que si no se circuncidaban conforme a la tradición de Moisés, no podían salvarse”. Pablo y Bernabé, que defendían la libertad frente a la Ley, protestaron porque se estaba negando la eficacia y la universalidad de la salvación de Cristo. Decidieron ir a Jerusalén para consultar a los Apóstoles. Era el año 49.
Reunidos en Asamblea, presidida por el apóstol Pedro, decidieron -guiados por el Espíritu Santo-, que los gentiles convertidos no debían ser obligados a la circuncisión, porque tanto judíos como gentiles se salvan “por la gracia del Señor Jesús”. Así, la Iglesia superó el riesgo de quedarse reducida a una secta más del Judaísmo.
LA EVANGELIZACIÓN EN HISPANIA.
Hasta la provincia más occidental del Imperio -Hispania-, también llegó pronto el anuncia de la Buena Noticia cristiana. Ya hemos dicho que san Pablo, en la Carta a los Romanos (año 57) les escribió que intentaría visitarles cuando fuera “de paso para España” (Rom 15,24), y les pedía que le facilitaran este viaje. Aunque desde antiguo se habla de su paso por Tarragona o por Andalucía, no hay documentos históricos que lo certifiquen con seguridad.
Tampoco hay documentos históricos de la predicación del apóstol Santiago el Mayor, hermano de san Juan, en Zaragoza y en Compostela. Su sepulcro es desde hace siglos un lugar de peregrinación y de fe para los cristianos.
Otra venerable tradición señala que san Pedro y san Pablo enviaron a España a “siete varones apostólicos” para evangelizar.
“Vengo a encontrarme con una comunidad cristiana que se remonta a la época apostólica: es una tierra objeto de los desvelos evangelizadores de san Pablo; que está bajo el patrocinio de Santiago el Mayor, cuyo recuerdo perdura en el Pilar de Zaragoza y en Santiago de Compostela; que fue conquistada por la fe y por el afán misionero de los siete varones apostólicos” (JUAN PABLO II, en su viaje a España, 1982).
En el siglo II hay comunidades cristianas en España con una gran fuerza, como lo atestiguan las cartas que dirigían a otras iglesias, como las de Lyon o Cartago. A principios del siglo IV se celebró el Concilio de Elvira (cerca de Granada), con decisiones que se aceptaron a nivel de toda la Iglesia universal.
Igual que en el resto del Imperio Romano, hubo mártires cristianos en España, que derramaron su sangre por Cristo: el obispo Fructuoso (Tarragona), el diácono Vicente (Valencia), los niños Justo y Pastor (Alcalá de Henares), Eulalia (Mérida), Leocadia (Toledo), y otros muchos.
sábado, 16 de abril de 2011
Historia de la Iglesia - El origen de la Iglesia
Jesús comenzó su ministerio en un momento crítico: Herodes acababa de encarcelar a Juan Bautista. En Galilea comenzó Jesús a proclamar el Evangelio: “El Reino de Dios está cerca” (Mc 1,15). Desde el principio la gente sigue a Jesús. Primero unos pocos (Simón Pedro, Andrés, Santiago, Juan), y después grandes muchedumbres. Jesús realiza milagros, signos de que el Reino de Dios ya ha llegado, pero no todos lo aceptan así. Para algunos no cambia nada, otros piensan que está loco o endemoniado,... Y sin embargo, el Reino de Dios, como una semilla pequeña, va creciendo y desarrollándose. “Anunciando la llegada del Reino de Dios, Jesús dio comienzo a la Iglesia, que constituye en la Tierra el germen y principio de ese Reino” (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium nº 5). De todos los que conocieron a Jesús, un grupo de hombres y mujeres comenzaron a ser sus discípulos. Se dejaban guiar por sus enseñanzas, le acompañaban, le acogían en sus casas, le preparaban el camino, etc. El discípulo de Jesús tenía que estar dispuesto a correr los mismo riesgos y dificultades que Él. Era Jesús quien llamaba personalmente a sus discípulos.
LOS DOCE APÓSTOLES.
“Subió después al monte, llamó a los que quiso y se acercaron a Él. Designó entonces a doce, a los que llamó apóstoles, para que lo acompañaran y para enviarlos a predicar con poder de expulsar a los demonios. Designó a estos doce: a Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro; a Santiago el hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges, es decir hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el hijo de Alfeo, Judas Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el que lo entregó” (Mc 3,13-19). De la misma manera que el Pueblo de Israel se había formado a partir de las doce tribus, Jesús funda el nuevo Israel, la Iglesia, sobre el fundamento de doce Apóstoles. Y Pedro es la “piedra”, el primado, el pastor de toda la Iglesia. Jesús convivió en intimidad con los Doce, compartiendo todo con ellos, no siendo su Señor sino su Amigo. Les corregía, les enseñaba, les transmitió los valores evangélicos y les dio ejemplo de amor hasta el extremo de lavarles los pies en la Última Cena (algo propio de los esclavos).
LA CRUZ Y LA RESURRECCIÓN DE JESÚS.
Jesús sufrió el dolor y la muerte: murió crucificado, condenado por el procurador romano Poncio Pilatos y por las autoridades religiosas de su pueblo. Fue torturado por los soldados y abandonado por sus amigos, que huyeron acobardados. Pero al tercer día, el domingo, ¡resucitó! Los apóstoles, y otros hombres y mujeres que eran discípulos de Jesús, son testigos de la Resurrección. “La fe de la primera comunidad de creyentes se funda en el testimonio de hombres concretos, conocidos de los cristianos y viviendo entre ellos todavía” (CATE nº 643).
El testimonio de los apóstoles se basa en el sepulcro vacío y en los encuentros con Cristo resucitado. Sin este acontecimiento no podría explicarse el origen de la Iglesia ni de la fe cristiana.
LA MISIÓN DE LOS APÓSTOLES.
Cincuenta días después de la Resurrección (día de Pentecostés), los apóstoles, reunidos en el Cenáculo, recibieron la fuerza del Espíritu Santo que los llenó con sus dones. Animados por el Espíritu, los Doce (Matías ya había sustituido a Judas Iscariote), comenzaron a predicar la Buena Noticia, y empezó a crecer el número de los creyentes que pedían el Bautismo en el nombre de Jesús, la comunidad de los primeros cristianos.
LA VIDA DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS.
En los Hechos de los Apóstoles, san Lucas nos presenta una comunidad de hombres y mujeres, unidos todos en un mismo Espíritu. En todas las épocas los cristianos han visto aquí el modelo de la Iglesia, y han buscado imitar a la primera comunidad para reformarse y recuperar el estilo de los orígenes. “Eran constantes en escuchar las enseñanzas de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones” (Hch 2,42). “En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio a nada de lo que tenía” (Hch 4,32). “Los apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los fieles se reunían de común acuerdo en el pórtico de Salomón” (Hch 5,12).
Los cristianos celebraban la presencia de Jesús resucitado en la Eucaristía y con este alimento celestial eran capaces de anunciar la muerte y la resurrección de Cristo. Éste era el núcleo de la predicación, y lo primero que fue puesto por escrito: para algunos era un escándalo la muerte de Dios, y para otros una locura, pero para los creyentes era y es la sabiduría que da la salvación a todo el que quiera acogerla por la fe, el bautismo y los demás sacramentos.
Historia de la Iglesia by Pablo Sierra López is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.